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ASÍ FUNCIONAN LAS LÁMPARAS AHORRADORAS CFL
Texto e ilustraciones José Antonio E. García Álvarez
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ASÍ FUNCIONA LA LÁMPARA CFL
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El funcionamiento de una lámpara fluorescente ahorradora de energía CFL es el mismo que el de un tubo fluorescente común,
excepto que es mucho más pequeña y manuable.
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Cuando enroscamos la lámpara CFL en un portalámpara (igual al que utilizan la mayoría de las lámparas incandescentes) y accionamos el
interruptor de encendido, la corriente eléctrica alterna fluye hacia el balasto electrónico, donde un rectificador diodo
de onda completa se encarga de convertirla en corriente directa y mejorar, a su vez, el factor de potencia de la lámpara. A continuación
un circuito oscilador, compuesto fundamentalmente por un circuito transistorizado en función
de amplificador de corriente, un enrollado o transformador (reactancia inductiva) y un capacitor o condensador (reactancia
capacitiva), se encarga de originar una corriente alterna con una frecuencia, que
llega a alcanzar entre 20 mil y 60 mil ciclos o hertz por segundo.
La función de esa frecuencia tan elevada es disminuir el parpadeo que provoca el arco eléctrico
que se crea dentro de las lámparas fluorescentes cuando se encuentran
encendidas. De esa forma se anula el efecto estroboscópico que normalmente
se crea en las antiguas lámparas fluorescentes de tubo recto que funcionan con balastos electromagnéticos
(no electrónicos). En las lámparas fluorescentes antiguas el arco que se origina posee una
frecuencia de sólo 50 ó 60 hertz, la misma que le proporciona la red eléctrica doméstica
a la que están conectadas. |
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Para el alumbrado general el efecto estroboscópico es prácticamente
imperceptible, pero en una industria donde existe maquinaria funcionando, impulsadas por motores eléctricos,
puede resultar peligroso debido a que la frecuencia del parpadeo de la lámpara
fluorescente se puede sincronizar
con la velocidad de giro de las partes móviles de las máquinas, creando la ilusión óptica de que
no están funcionando, cuando en realidad se están moviendo.
En las lámparas CFL no se manifiesta ese fenómeno, pues al ser mucho más alta la frecuencia del
parpadeo del arco eléctrico en comparación con la velocidad de giro de los motores, nunca llegan a sincronizarse ni a crear efecto estroboscópico.
Desde el mismo momento en que los filamentos de una lámpara CFL se
encienden, el calor que producen ionizan el gas inerte que contiene el tubo en
su interior, creando un puente de plasma entre los dos filamentos. A través de
ese puente se origina un flujo de electrones, que proporcionan las condiciones
necesarias para que el balasto electrónico genere una chispa y se
encienda un arco eléctrico entre los dos filamentos. En este punto del
proceso los filamentos se apagan y se convierten en dos electrodos, cuya misión
será la de mantener el arco eléctrico durante todo el tiempo que
permanezca encendida la lámpara. El arco eléctrico no es precisamente el que
produce directamente la luz en estas lámparas, pero su existencia es
fundamental para que se produzca ese fenómeno.
A partir de que los filamentos de la lámpara se apagan, la única misión
del arco eléctrico será continuar y mantener el proceso
de ionización del gas inerte. De esa forma los iones desprendidos del gas
inerte al chocar contra los átomos del vapor de mercurio contenido
también dentro de tubo, provocan que los electrones del mercurio se exciten y
comiencen a emitir fotones de luz ultravioleta. Dichos fotones, cuya luz no es
visible para el ojo humano, al salir despedidos chocan contra las paredes de
cristal del tubo recubierto con la capa fluorescente. Este choque de fotones
ultravioletas contra la capa fluorescente provoca que los átomos de fluor se exciten
también y emitan fotones de luz blanca, que sí son visibles para el ojo humano, haciendo que la lámpara se
encienda.
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