PorQueDeLasCosas
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Última actualización: febrero de 2016
El PorQué De Las Cosas
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El PorQué De Las Cosas LA COCINA DE INDUCCIÓN 1
Texto, ilustraciones y fotos: José A. García Álvarez
INTRODUCCIÓN
Desde
tiempos
inmemoriales
el
hombre
primitivo
descubrió
por
casualidad
las
propiedades
del
fuego
y
aprendió
a
dominarlo.
Así
pudo
calentarse
dentro
de
las
cuevas
donde
vivía
y
soportar
mucho
mejor
las
bajas
temperaturas
de
los
crudos
inviernos.
Al
mismo
tiempo
se
percató
que
el
sabor
de
la
carne
de
los
animales
que
perecían
asados
por
el
fuego
que
producían
los
rayos
al
caer
sobre
los
bosques
e
incendiarlos,
le
cambiaba
el
sabor
a
la
carne
y
la
hacía
más
agradable
al
paladar
en
comparación a cuando la consumían cruda.
Aunque
esos
tiempos
hace
siglos
quedaron
atrás
y
los
medios
que
disponemos
hoy
en
día
para
cocinar
los
alimentos
han
cambiado
mucho,
curiosamente
aún
conservamos
la
tradición
más
remota
de
asar
y/o
cocinar
con
leña,
tal
como
lo
hacían
nuestros
antepasados.
Pero
con
el
transcurso
de
los
años
y
el
desarrollo
de
la
civilización
el
hombre
ha
aprendido
a
cocinar
también
con
carbón,
keroseno,
petróleo, gas y, por último, emp
leando electricidad.
Hornilla
típica
de
gas
a
la
izquierda
y
de
resistencia
eléctrica de una sola hornilla a la derecha.
Las
primeras
cocinas
eléctricas
que
existieron
empleaban
como
elemento
calefactor
resistencia
de
alambre
nicromo
(aleación
de
níquel
y
cromo)
que
en
la
actualidad
se
sustituye
por
resistencias
halógenas.
Tanto
las
resistencias
hechas
con
alambre
nicromo
como
las
halógenas
son
elementos
malos
conductores
de
la
electricidad
que
ofrecen
gran
oposición
al
paso
de
la
corriente
eléctrica,
por
lo
cual
se
ponen
al
“rojo
vivo”
y
desprenden
calor.
Esa
energía
radiante
que
desprende
una
resistencia
se
transmite
desde
la
zona
de
cocción
de
la
hornilla
al
recipiente donde se cocinan los alimentos.
Cocina
de
vitrocerámica
en
funcionamiento,
dotada
con
resistencia
eléctrica.
En
la
actualidad
muchas
amas
de
casa
y
familias
que
viven
en
hogares
hasta
donde
llega
el
suministro
de
corriente
eléctrica,
están
familiarizados
con
el
uso
de
efectos
electrodomésticos
en
la
cocina,
como
pueden
ser
la
nevera
o
refrigerador,
cafetera,
freidora,
tostadora
e
incluso
el
horno
microonda
(que
no
funciona
con
elementos
radiantes,
sino
con
ondas
electromagnéticas
de
muy alta frecuencia para calentar o cocinar los alimentos).
Después
de
las
antiguas
cocinas
más
convencionales
que
la
mayoría
de
la
gente
conoce,
surgieron
las
denominadas
de
vitrocerámica,
que
al
igual
que
las
convencionales
al
principio
funcionaban
utilizando
también
quemadores
comunes
de
gas,
resistencia
de
alambre
nicromo
y,
por
último,
con
resistencia
halógena,
con
la
diferencia
que
en
lugar
de
hornillas
normales
utilizan
“vidrio
cerámico”
o
placa
de
vitrocerámica
colocada
encima
de
los
elementos
de
calefacción,
sobre
la
cual
se
colocan
los
recipientes
para cocinar.
Sin
embargo,
dentro
del
grupo
de
cocinas
que
actualmente
utilizan
también
placa
de
vidrio
cerámico,
las
más
modernas
son
las
denominadas
“de
inducción”,
que
para
diferenciarlas
de
las
anteriores
más
convencionales
no
se
les
denomina
“de
vitrocerámica”,
sino
“de
inducción”
porque
el
calor
no
se
genera
por
radiación,
sino
de
forma
muy dife
rente.
A
la
izquierda
de
esta
ilustración
se
puede
ver
una
hornilla
convencional
de
gas,
keroseno
o
petróleo
con
la
llama
que
generan
y
colocado
encima
encima
de
ésta,
un
recipiente
lleno
de
agua
en
el
momento
de
encenderse
la
llama.
A
la
derecha
aparece
el
mismo
recipiente
con
el
agua
ya
hirviendo:
1.-
Corresponde
a
la
llama
de
la
hornilla.
2.-
Representa
la
pérdida
de
calor
por
radiación
(90%
aproximadamente
del
que
genera
la
llama)
3.-
Calentamiento
de
la
masa
de
agua
dentro
del
recipiente
por
“convección”
debido
al
calor
que
ésta
recibe
por
efecto
de
la
radiación
térmica
procedente
de
la
llama
que produce la hornilla.
En
las
cocinas
que
funcionan
con
gas
u
otro
combustible
similar,
o
que
emplean
resistencia
eléctrica,
el
calor
se
transfiere
desde
la
fuente
que
lo
produce
al
recipiente
y
su
contenido
“por
radiación”.
En
realidad
en
esas
cocinas,
sólo
un
10%
del
calor
generado
por
la
llama
o
la
resistencia
eléctrica
se
transfiere
a
los
alimentos,
mientras
que
el
90%
de
la
energía
calorífica
restante
se
pierde
y
disipa
por
completo
al
medio
ambiente
circundante
sin
que
se pueda aprovechar en trabajo útil.
RADIACIÓN TÉRMICA
Conocida
también
como
“radiación
calorífica”
es
la
que
emite
o
desprende
un
cuerpo
de
acuerdo
con
su
temperatura.
El
cuerpo
que
emite
radiación
térmica
lo
transfiere
a
otro
por
contacto
directo,
o
mediando entre ambos cierta separación.
CONVECCIÓN
Proceso
por
el
cual
una
masa
líquida
se
calienta
y
dilata
en
contacto
con
una
fuente
de
calor,
lo
cual
disminuye
su
densidad.
Como
resultado
la
masa
adquiere
un
movimiento
ascendente
circular
hasta
alcanzar
la
superficie
del
líquido,
donde
pierde
temperatura.
Al
enfriarse
relativamente
desciende
de
nuevo,
siguiendo
igualmente
el
mismo
movimiento
circular,
hasta
llegar
al
fondo
donde
vuelve
a
elevar
su
temperatura
para
ascender
otra
vez
a
la
superficie.
Este
ciclo
se
mantiene
ininterrumpidamente
así
mientras
la
masa
líquida
continúe recibiendo calor.
Sin
embargo,
en
las
cocinas
de
inducción
el
calor
no
se
transfiere
al
recipiente
por
radiación
a
partir
de
un
elemento
calefactor
(que
como
tal
no
existe),
sino
que
se
genera
por
inducción
electromagnética
de
alta
frecuencia,
generándose
dentro
del
propio
recipiente,
ya
sea
éste
una
cazuela,
olla,
sartén,
etc.
En
las
cocinas
de
inducción
la
placa
de
vidrio
cerámico
tiene
la
misma
función
que
en
las
cocinas
de
vitrocerámica,
o
sea,
sostener
los
recipientes
encima,
pero
la
fuente
de
calor
en
este
caso
es
un
inductor.
Por
otro
lado,
mientras
la
placa
de
una
cocina
de
vitrocerámica
se
calienta
a
una
alta
temperatura
en
la
zona
que
ocupa
el
elemento
calefactor,
en
una
cocina
de
inducción se mantiene relativamente más fría.
Si
en
una
cocina
de
inducción
tocamos
la
placa
de
vidrio
cerámico
muy
cerca
del
recipiente
donde
se
está
cocinando
algún
alimento,
notaremos
que
la
temperatura
no
es
muy
alta,
aunque
el
contenido
del
recipiente
se
encuentre
hirviendo.
Ese
calor,
prácticamente
insignificante,
no
lo
produce
la
placa
en
sí,
sino
que
se
lo
transfiere
el
propio
recipiente
caliente
que
se
encuentra
colocado encima, en contacto directo con ésta.
La
tecnología
de
inducción
facilita
que
los
alimentos
se
cocinen
con
mayor
rapidez
si
lo
comparamos
con
el
tiempo
que
requiere
una
cocina
convencional
o
de
vitrocerámica,
pues
el
calor
se
genera
de
forma
instantánea
no
desde
afuera,
sino
dentro
del
propio
recipiente
desde
el
mismo
momento
que
se
enciende
la
cocina.
Además
la
inducción
constituye
una
forma
más
segura
de
cocinar,
pues
no
existe
peligro
de
incendio
al
no
utilizar
llama
alguna,
ni
resistencia
eléctrica
que
alcance
el
rojo
vivo
e
igualmente
pueda provocarlo.
La
placa
de
vidrio
cerámico
por
sí
misma
tampoco
produce
quemaduras
en
ninguna
parte
del
cuerpo,
ya
que
nunca
adquiere
una
temperatura
elevada,
excepto
en
la
zona
de
cocción
que
ocupa
el
recipiente
caliente
que,
igualmente
por transferencia de calor, puede ocasionar quemaduras.
Esta
cualidad
convierte
a
las
cocinas
de
inducción
en
aparatos
electrodoméstico
de
extrema
seguridad,
sobre
todo
por
la
protección
que
ofrecen
cuando
hay
niños
cerca.
Por
otra
parte,
al
existir
poca
pérdida
de
calor
por
disipación
al
medio
ambiente
durante
el
tiempo
que
demora
la
cocción
de
los
alimentos,
su
eficiencia
es
muy
alta,
lo
que
se
traduce
en
un
consumo
de
energía
eléctrica
mucho
menor
comparado
con
una
cocina
eléctrica
de
vitrocerámica
o
de
otro
tipo
más
convencional
que
funcione con combustible o con resistencia eléctrica.