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En la lámpara de cuarzo, cuando el filamento alcanza la temperatura más alta que puede soportar y comienza el proceso de evaporación, los átomos de tungsteno se gasifican y se expanden buscando la superficie interior de la cápsula de cristal de cuarzo. Al llegar a la superficie del cristal, la temperatura del gas desciende a unos 800 ºC (1 472 ºF) aproximadamente.
Bajo esas circunstancias los átomos del tungsteno reaccionan espontáneamente con el gas halógeno y se transforma en otro gas conocido como halogenuro de tungsteno. Inmediatamente el nuevo gas que se ha formado tiende a retornar hacia el centro de la lámpara donde se encuentra situado el filamento deteriorado.
Debido a que el halogenuro de tungsteno es un gas inestable, cuando sus moléculas reciben directamente el calor del filamento, se descomponen en forma de tungsteno metálico, que se deposita como tal en el filamento y lo reconstruye.
Este proceso permite al filamento reciclarse y aportar mucho más tiempo de vida útil (entre 3
mil y 10 mil horas, según el tipo de lámpara halógena), en comparación con las
mil horas de explotación que permite una lámpara incandescente común. Todo este proceso llamado ciclo del halógeno se mantiene ininterrumpidamente durante todo el tiempo que la lámpara
permanece encendida.
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