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El PorQué De Las Cosas
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El PorQué De Las CosasN LAS CERRADURAS 1
Texto, ilustraciones y fotos: José A. García Álvarez
INTRODUCCIÓN
Desde
tiempos
inmemoriales
el
hombre
comenzó
a
proteger
su
vivienda
y
aseguró
sus
pertenencias,
resguardándolas
de
amigos
de
lo
ajeno,
mediante
cerrojos,
candados
y
cerraduras
que
le
ayudaban
a
mantener
bien
cerradas
puertas,
ventanas,
armarios,
cofres,
cajones,
gavetas,
etc.
y
cualquier
otro
tipo
de
mueble
o
depósito
apropiado para guardar objetos de valor y dinero.
Se
estima
que
las
primeras
cerraduras
precursoras
de
las
denominadas
hoy
en
día
“de
pines”,
se
inventaron
en
China
hace
aproximadamente
4
mil
años,
extendiéndose
después
su
uso
al
antiguo
Egipto,
Babilonia
y
después,
con
el transcurso del tiempo, a todo
el mundo.
Foto
izquierda:
muestra
una
llave
que
se
introduce
por
la
bocallave
de
una
cerradura
antigua.
Foto
derecha:
ilustración
de
un
candado
antiguo
y
su
correspondiente
llave.
Pasaron
muchos
años
y
en
1848
el
inventor
norteamericano
Linus
Yale
patentó
un
tipo
de
cerradura
de
tambor
con
pines,
cuyo
diseño
modificó
y
mejoró
posteriormente,
en
1861,
su
propio
hijo,
de
igual
nombre.
Para
fabricarlas
de
forma
industrial
se
fundó
la
empresa
“Yale
Lock
Manufacturing
Company”
,
cuya
marca
adoptó
desde
entonces
las
mundialmente
conocidas
cerraduras
“Yale”.
Aunque
el
tiempo
pasado,
el
diseño
mecánico
de
esas
primeras
cerraduras
se
mantiene
todavía
sin
mucha
variación
y,
de
hecho,
constituyen
una
obligada
referencia
para el desarrollo de nuevos tipos mucho más seguras.
Una
cerradura
común
o
estándar
de
tambor
y
pines
está
formada
por
una
pieza
metálica
cilíndrica
en
forma
de
tambor,
que
aloja
en
su
interior
dos
hileras
de
pines
como
mínimo.
Cuando
introducimos
una
llave
apropiada
por
la
bocallave
del
cilindro
o
bombín
situado
dentro
del
tambor
para
que
pueda
girar,
sus
dientes
de
sierra
empujan
hacia
arriba
los
“pines
inferiores”
situados
en
el
interior
del
propio
cilindro.
Estos
pines
mueven
de
forma
simultánea
y
también
hacia
arriba
los
“pines
superiores”
situados
dentro
del
tambor
y
que
atraviesan
también
el
cilindro
para
inmovilizarlo,
obligándoles
a
adoptar
una
posición
que
lo
libera
y
le
permite
girar.
Cuando
el
cilindro
gira,
una
paleta
acoplada
en
su
parte
trasera
acciona
el
mecanismo
del
pestillo
y
lo
obliga
a
entrar
en
la
caja
o
cuerpo
de
la
cerradura,
liberándolo
del
cerradero.
Esta
acción
permite,
por ejemplo, abrir una puerta.