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La fotografía constituye un arte y como tal lo puede llegar a
desarrollar y dominar cualquier persona que se tome en serio esta
actividad. Sin embargo, para obtener buenas fotos que se puedan
llegar a considerar “artística”, un fotógrafo (ya sea
aficionado o profesional), debe considerar varios factores previos
antes de proceder a apretar el disparador de la cámara.
Si importante es la sensibilidad artística, el dominio de la técnica
fotográfica y el ojo (o buen hacer) del fotógrafo para obtener
buenas fotos, también lo es disponer de una “cámara apropiada”
que permita realizar el tipo de actividad que se desea desempeñar,
lo cual no significa que sea necesario disponer de la cámara más
costosa existente en el mercado.
El desarrollo de este tema en particular pretende, de forma general,
aconsejar a fotógrafos aficionados, principiantes o avanzados, qué
tipo de cámara compacta digital se puede adaptar mejor al perfil de
cada cual, para que no se pierdan a la hora de escoger la más
apropiada entre la gran cantidad de tipos y modelos de que se disponen
hoy en día.
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Ciudades, arquitectura, familia, fauna, ocio, naturaleza,
decoración, arte, investigación, turismo, paisajes, publicidad,
reportajes periodísticos, tecnología, ciencia, son muchos de los
campos que se encuentran al alcance de los fotógrafos, de acuerdo
con el interés que muestren por desarrollar alguna de esas
actividades en particular.
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Hace unos años atrás, estando presente en el momento que un fotógrafo
aficionado le mostraba a otro amigo común unas buenas fotos que había
tomado, le escuché exclamar a este último: ¡pero qué cámara
más buena!... Esta persona atribuía el mérito de aquellas fotos
únicamente a la cámara y no a la posible habilidad de
nuestro amigo aficionado.
Sin embargo, para captar dichas fotos en cuestión, nuestro amigo
aficionado simplemente había utilizado una sencilla cámara analógica
“tipo cajón”, de aquellas en las que sólo era necesario
encuadrar la imagen mirando a través de un rudimentario visor óptico
y disparar, o sea, una primitiva y muy elemental cámara fotográfica
de funcionamiento completamente mecánico, con abertura de objetivo
y enfoque fijos, y una sola velocidad de disparo u obturación. En
resumen, una de esas cámaras con la que muy poco se podía hacer,
excepto poseer sensibilidad artística, contar con muy buena
iluminación solar o tener la suerte de encontrarse “en el lugar y
momento apropiado” para capturar una buena foto.
Por tanto, lograr una buena foto sin pretender llegar a la perfección
profesional o artística, se puede hacer empleando una cámara
sencilla y de poco costo, al igual que una mala foto se
puede obtener también utilizando una cámara compleja y costosa.
No obstante, aunque las “buenas fotos” dependen mucho de la
experiencia, sensibilidad artística y el ojo bien entrenado del fotógrafo
que manipula la cámara, no podemos negar tampoco que, bajo
determinadas circunstancias, poseer una buena cámara facilita mucho
las cosas como, por ejemplo, cuando las condiciones de iluminación
son malas o adversas, el sujeto o el objeto a fotografiar se encuentra
en movimiento, cuando se requiere utilizar la opción “macro”
para poder acercarnos a pocos centímetros de distancia del objeto,
o cuando surgen situaciones diferentes o inesperadas. Estos tipos de
fotos no se pueden obtener si no disponemos de una cámara
apropiada.
Hace años atrás, para capturar fotos con una cámara fotográfica
analógica (de las que empleaban carretes de película de 35 mm o de formato más
ancho, como 127, 120, 220 ó 620, por ejemplo), había que
seleccionar y ajustar manualmente, antes de efectuar el disparo, la
cantidad de luz que debía penetrar a través del objetivo, la
velocidad de obturación y la distancia en pies o metros que
separaba la cámara del objeto, sujeto o paisaje a fotografiar.
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Antiguas cámaras fotográficas analógicas: las dos de la
izquierda empleaban carretes de película fotográfica de formato 35 mm ,
mientras que la del fondo, hacia la derecha, utilizaba película de
formato más ancho.
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Durante muchos años la medición y selección de todos los parámetros
y ajustes que eran necesario establecer en las cámaras analógicas,
los fotógrafos lo hacían contando solamente con su experiencia práctica,
ya que todas funcionaban de forma completamente mecánica. Con el
paso del tiempo las empresas productoras de equipos fotográficos
desarrollaron el “fotómetro” de mano, instrumento de medición
que por medio de una celda fotoeléctrica calculaba la
intensidad de luz existente en el lugar donde se iba a tomar la foto, indicando
la abertura de lente y la velocidad de obturación que era necesario utilizar.
Posteriormente con el desarrollo de la tecnología electrónica y de
los semiconductores, los fabricantes de cámaras analógicas
comenzaron a incorporar el fotómetro directamente dentro de la cámara,
así como otras funciones para que éstas realizaran, de forma
completamente automática, todas las mediciones y ajustes requeridos
para captar las fotos.
Con el avance de las nuevas tecnologías, las antiguas cámara
fotográficas analógicas han ido desapareciendo para abrir paso a
las modernas cámaras digitales, que conjugan la técnica fotográfica
tradicional con la tecnología electrónica ya existente en las
anteriores cámaras analógicas, a lo que se ha sumado el empleo de
la “tecnología digital”.
La introducción en el mercado de las cámaras digitales ha
permitido que la tradicional película fotográfica se haya ido
sustituyendo por una tarjeta de memoria intercambiable, donde se
guardan o almacenan las fotos que un sensor fotosensible capta a
todo color.
Debido a la enorme cantidad de modelos, marcas y tipos de cámaras
digitales que inundan en estos momentos el mercado especializado en
la venta de estos artículos, resulta difícil para un principiante
o aficionado con pocos conocimientos anteriores de fotografía analógica
(e incluso a veces hasta para los más avanzados), escoger una cámara
digital que satisfaga adecuadamente sus necesidades específicas
debido a todos los aspectos técnicos que se deben tener en cuenta a
la hora de hacer una buena selección. Entre esos aspectos se
encuentran la resolución y calidad del sensor, calidad de la óptica
empleada en el objetivo, velocidad de procesamiento de datos, así
como las diferentes prestaciones que ésta ofrece. Otra cuestión
importante que se debe tener también en cuenta a la hora de
adquirir una cámara digital es que sea de marca reconocida, es
decir, procedente de un fabricante de equipos fotográficos de toda
la vida y de reconocido prestigio. Todos estos factores son
determinantes, pues incluso una cámara compacta de menos costo
puede que realice mejores fotos que otra más costosa.
Por tanto, antes de adquirir una cámara digital compacta debemos
preguntarnos primero: ¿Qué experiencia tengo como fotógrafo?, ¿Qué
tipos de fotos deseo hacer?, ¿Qué cámara se adapta mejor a mis
necesidades reales? y ¿De qué presupuesto dispongo?
Si nuestra aspiración es tomar simplemente fotos familiares dentro
o fuera de la casa, en días de paseo al aire libre, o en
vacaciones, para imprimirlas en papel, colocarlas en un álbum y
mostrarla después a los amigos, seguramente la inversión en una cámara
barata resulte suficiente de acuerdo con las expectativas específicas
de cada persona en particular. Pero si, por el contrario,
pretendemos desarrollar esta actividad como una afición más seria
o artística, entonces lo más aconsejable será adquirir una cámara
más costosa, con mayor número de prestaciones, y que ofrezca también
mayores posibilidades de experimentar y profundizar en el arte de la
fotografía.
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