En realidad para
los fotógrafos aficionados son más las ventajas que las
desventajas que ofrecen las cámaras compactas digitales
actuales, comparadas con lo que ofrecían las anteriores cámaras
fotográficas analógicas que empleaban carretes de película de 35 mm o
de formatos más anchos.
Ventajas:
Sus dimensiones son tan reducidas que se
pueden llevar y transportar cómodamente en el interior de
un bolsillo, y utilizarse en cualquier lugar, ya sea en
exteriores o en interiores, pues la mayoría disponen de
flash interno integrado.
Las de gama alta son más voluminosas y
pesadas, pero ofrecen mayores posibilidades de obtener
mejores resultados con una calidad-precio ajustada. Por
otra parte, para los fotógrafos aficionados y para los
menos avezados estas cámaras ofrecen también la
posibilidad de enfocar y realizar los ajustes de abertura
de lente y velocidad de obturación en modo completamente automático.
Además de la pantalla LCD (de cristal líquido)
que poseen y permiten encuadrar y enfocar la imagen, algunos fabricantes
de cámaras digitales mantienen todavía el visor
óptico tradicional, aunque esta última opción está
desapareciendo en los últimos modelos de gama baja y media que
están saliendo al mercado.
La mayoría de las cámaras digitales
poseen “estabilizador de imagen”, para corregir
cualquier movimiento involuntario en que incurramos en el
momento de tomar una foto, siempre que exista suficiente
iluminación.
Las cámaras del tipo “slim”
son tan delgadas que caben en el bolsillo de una camisa,
pero también son mucho más caras si comparamos sus
prestaciones con otras de tamaño más normal.
Si al visionar la foto inmediatamente
después de tomada no quedamos satisfechos con el
resultado, se puede borrar y repetir nuevamente siempre
que se mantengan las mismas condiciones y la posibilidad
de hacerlo.
Permiten obtener las fotos impresas en
papel prácticamente de inmediato y en el propio hogar
empleando una impresora de calidad fotográfica acoplada o
no al ordenador.
Se pueden obtener también fotos impresas
en papel fotográfico en una hora aproximadamente, si las
llevamos a una tienda que ofrezca el servicio tradicional
de revelado de fotografías.
Las fotos digitales se pueden adjuntar de
inmediato a un e-mail o colgarlas en Internet.
Es posible visionar también las imágenes
en un televisor común, o en el monitor de un ordenador.
Algunas cámaras digitales, además de su
empleo normal para tomar fotos, permiten también grabar
pequeñas secuencias de video. Algunos modelos permiten incluso
grabar el sonido sincronizado con las imágenes.
Las fotos digitales se pueden incorporar
de inmediato a una presentación multimedia como, por
ejemplo, Power Point.
El tradicional carrete de película de 35
mm para 24 ó 36 fotografías se sustituye en la las cámaras
digitales por una pequeña tarjeta de memoria flash, del
tamaño aproximado de un sello de correo. En esa memoria
se pueden almacenar cientos o miles de fotografías, de
acuerdo con la capacidad total que posea en Megabytes o en
Gigabytes.
Las cámaras compactas de gama alta
permiten realizar ajustes manuales y pueden aceptar también
el empleo de diferentes aditamentos opcionales que las
hacen más completas como, por ejemplo, una lámpara flash
externa
adicional de mayor potencia y alcance lumínico, o suplementos que se acoplan
al objetivo para tomar fotos tipo macro a una distancia más
próxima al objeto, o también aumentar la distancia de alcance del
telefoto.
Las fotos digitales se pueden retocar y/o
arreglar en el ordenador antes de publicarlas en Internet,
enviarlas por e-mail, o imprimirlas en papel.
Se ahorra dinero en el revelado, pues se
pueden escoger las mejores fotos antes de imprimirlas en
papel fotográfico.
Permiten captar imágenes tipo
“macro” de objetos muy pequeños fotografiándolos a
unos pocos centímetros de distancia.
Los precios de las cámaras digitales de
gama media han bajado tanto que se acercan a los que tenían
anteriormente las cámaras compactas analógicas
convencionales que empleaban carretes de película de 35 mm .
Las imágenes almacenadas en los
dispositivos masivos de almacenamiento, como discos duros,
CDs, DVDs, o tarjetas de memoria flash, teóricamente no se
deterioran,
ni pierden calidad con el paso del tiempo, a diferencia de
lo que ocurre con los negativos de las películas fotográficas
o las diapositivas cuando no se toman las medidas
adecuadas de conservación. No obstante, es recomendable
realizar por lo menos dos copias iguales de todas las
fotos digitales, pues cualquier dispositivo de almacenamiento
masivo, por seguro que sea, puede fallar con el paso de
los años.
Se elimina la incertidumbre que sentían
los fotógrafos aficionados con las viejas cámaras analógicas
de película de 35 mm , o de formato 120, en las que no se
conocían los resultados hasta tanto no se sometiera el
negativo al proceso de revelado químico.
Desventajas:
Precio elevado en modelos compactos de
gama alta y sobre todo reflex, aunque últimamente ha bajado
bastante en las cámaras
de gama media, acercándose cada vez más al que tenían
las anteriores cámaras fotográficas convencionales analógicas
dentro de esa propia gama.
Grandes posibilidades de rotura por descuido de la pantalla LCD
de cristal líquido, sobre todo las que tienen mayor
tamaño (entre 2,5 y 3 pulgadas), dejando la cámara completamente
fuera de servicio.
Alto consumo de baterías cuando
mantenemos encendida durante mucho tiempo la pantalla
LCD del visor.
Rápido cambio de modelos de una misma
marca de cámara, que deja desfasados a los modelos
anteriores.
Aparición de mucho ruido de imagen en cámaras
que emplean sensores de baja calidad, sobre todo cuando se
toman fotografías con luz escasa o se emplean altos valores
ISO.
Acumulación de cientos o miles de
fotografías en forma digital, sin que las imprimamos en
papel fotográfico, por lo que en muchos casos quedan
relegadas al olvido cuando no las organizamos correctamente en
los dispositivos de almacenamiento masivo.
Cierto sentimiento de nostalgia por parte de
aquellos fotógrafos aficionados avanzados o profesionales
que se encargaban de revelar ellos mismos, de forma manual, las fotos en
sus propios laboratorios fotográficos, o en improvisados
“cuartos obscuros” domésticos.
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