En la década de los años 50 del siglo pasado las grandes
empresas utilizaron ampliamente las máquinas tabuladoras IBM para
realizar listados y cálculos de contabilidad, entre ellos las nóminas de
los trabajadores, hasta que fueron sustituidas por los ordenadores
personales de mesa o PCs. Esas máquinas empleaban tarjetas
perforadas para tabular los datos.
Las máquinas tabuladoras leían e interpretaban el código
contenido en la tarjeta, de acuerdo con la cantidad y posición de
las perforaciones que tenía dispuestas en cada columna. Estas
máquinas estaban provistas de una especie de pizarra intercambiable
de conmutación que hacía posible cambiar la configuración de las
operaciones que podía realizar la máquina, cambiando la posición
de las clavijas de una serie de cables que se utilizaban para ese
propósito.
El resultado que se obtenía al cambiar la posición de los cables
para reprogramar las pizarras intercambiables era parecido al que
obtenemos en la actualidad cuando utilizamos un programa de base de
datos en nuestro ordenador o una hoja de cálculo, pero con muchas
más limitaciones.
Esa programación
elemental permitía a la tabuladora desarrollar las operaciones e
imprimir el resultado en un rollo de hojas continuas. Las tarjetas
IBM (también conocida como tarjeta de código Hollerith), tenían
80 columnas a todo lo ancho con doce posiciones predeterminadas en
cada una de las columnas para ubicar las perforaciones.
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Tarjeta de código Hollerith, como las que empleaban las antiguas máquinas
tabuladoras IBM.
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Por medio de una máquina perforadora provista de un teclado de máquina
de escribir, se introducían los datos perforando las tarjetas. Una sola
perforación en una columna correspondía a un número, mientras que dos
perforaciones en diferentes posiciones de una misma columna correspondían
a una letra. Cada columna tenía diez posiciones numeradas del “0” al
“9” y dos más sin numerar situadas hacia el borde superior de la
tarjeta. Una perforación, por ejemplo, en la posición “1” de
cualquier columna correspondía igualmente con el número “1”,
mientras si se añadía otra perforación en la parte más alta sin
numerar de la misma columna, correspondía entonces a la letra “A”.
Esas antiguas máquinas tabuladoras estaban limitadas a imprimir en el
papel solamente ochenta letras, números o signos por cada línea impresa de
lectura, correspondientes a las 80 columnas de la tarjeta.
Para leer la información la máquina tabuladora disponía de 80
escobillas de alambre fino de cobre colocadas en una sola hilera que
abarcaba el ancho de las tarjetas. Cuando
las tarjetas pasaban entre un rodillo metálico electrificado y las escobillas,
éstas últimas "leían" a través de las perforaciones la información
contenida en la tarjeta al momento de hacer contacto eléctrico con el rodillo. A continuación
la información recogida por las escobillas se enviaba al sistema
electrónico de la máquina, que se encargaba de interpretar, procesar e
imprimir los datos.
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